
Esa noche habíamos discutido por culpa de mi puto orgullo. Ella tenía razón, y por suerte, mis cables tuvieron un momento de lúcida conexión para reconocerle que yo la había cagado. Toqué una canción a la guitarra y logré robarle una ténue sonrisa que me caló eso que tenemos ahí adentro. Esa noche hicimos el amor, porqué ni que fuera por una vez, nos quisimos de verdad. Los dos éramos demasiado impulsivos como para que aquello no acabara explotando en 1000 pedazos, pero esa imagen de dulce fragilidad no me la quitaré de la cabeza en mi vida.

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada