dimecres, 12 de setembre del 2007

Sara




Sin ánimo de ser grosero ni machista, Sara era una calientapollas. La típica. Se pasó 4 meses jugando conmigo al gato y al ratón, que si quiero que si no quiero, que si quedo contigo como amiga pero me pongo escote hasta el ombligo y minifalda subida hasta el cuello, que si voy diciendo por ahí que me pones pero cuando te invito a mi casa a solas y me tumbo apoyando la cabeza sobre tu entrepierna en el sofá luego no te dejo ni que hagas el intento de mover un dedo... total, que en éstas, su novio le dejó por otra justo cuando yo empezaba a salir con una chica, y debió pensar que el momento había llegado. Ella (que se debía creer irresistible) me iba a hacer ser infiel, y ya de paso (y necesitada de sexo y de reconstruir su ego hecho cachitos), se lo iba a pasar bien conmigo. Me invitó a cenar a su casa, con uno de sus habituales mini modelitos, me preparó cena afrodisíaca (remarcando este punto varias veces durante la cena), se me insinuó como nunca antes, y me empezó a poner muy caliente. Yo le seguí el juego, toqué todo lo que pude, y cuando pude comprobar vía digital que estaba realmente cachonda, le dejé en su sofá Ikea donde tantas otras veces me había puesto enfermo, y me largué. Caminando casi como un pingüino, pero con el orgullo de un león que se siente el rey de la selva. Y es que ya lo dice el refrán: hay veces que 'más vale dignidad propia que coño ajeno'. Sobretodo si tienes manos e imaginación...


1 comentari:

Anònim ha dit...

bueno llegue aqui no se ni como, solo queria decirte que mas gente asi tenia que haber por el mundo y que no se dejasen llevar a la primera de cambio... OLE POR TI
:D