dijous, 30 d’agost del 2007

Mari Carmen




Como decía el filósofo, hay veces que la noche te confunde. Acabas en sitios inesperados, y en compañías insospechadas. Y te metes en tugurios oscuros y con música gótica, y te ves rodeado por gente de piel blanca y ropas negras. Y casi sin darte cuenta, y de manera que al día siguiente no conseguirás recordar, entablas conversación con una desconocida. No me preguntéis sobre qué, porqué soy incapaz de navegar entre mis lagunas mentales nocturnas. Y así, también olvido completamente cómo llego a su casa, ni cómo van a parar mis ropas al suelo del comedor. Y si no fuera porqué la cámara captó su imagen, viendo esa cara, y esos ojos, y esas uñas, uno podría pensar que es nativa de Transilvania y alérgica al ajo. Afortunadamente, al volver a casa la mañana siguiente no detecté ningún par de pequeños orificios paralelos en mi cuello, ni en ninguna otra parte saliente de mi cuerpo...