
Los polvos con Laia fueron bastante guarros. Había tensión y agresividad, porqué le encantaba decir cosas cerdas y que la insultara mientras ejercíamos el noble arte de la cópula. En uno de esos arranques de pasión hostil, le pillé un dedo con la puerta de su habitación, aunque no fue nada voluntario. Me gusta jugar, pero no llegar al extremo de la violencia, y mucho menos la no voluntaria. Otro día follamos en el parque que hay a la salida de la discoteca donde solíamos ir por aquella época, y es que nos pusimos tan cachondos diciendo obscenidades mientras bailábamos que no fuimos capaces de aguantar el calentón hasta casa. La mejor noche que compartimos en cama ella salió al balcón y se puso a gritar "soy la más zorra del universo!", obligándome a salir a rescatarla y cerrar, para luego descojonarnos de la risa. Esta noche me sentía tenso y guarro, y supongo que será por eso que me he acordado de ella.

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