
Carmen me ponía tanto, que fui incapaz de controlar la conexión cerebro/fluídos corporales. Nunca pensé que llegara a ser objeto de mi diafragma, y quizás por eso esa tarde me pilló de improvisto. Con ella aprendí muchas cosas: 1) que obsesionarse con algo o alguien no es nada bueno, pues si llega el momento de afrontar tus obsesiones y hacerlas realidad, seguro que acabas tirando por la borda las fantasías que te hayas podido imaginar; 2) que el drama que deben afrontar los eyaculadores precoces no es ninguna broma. Desde ese día, no soporto los chistes al respecto; 3) que la expresión de que ' el tren sólo pasa una vez, y hay que saber cogerlo a tiempo' es una verdad como un templo (y cuando no lo sabes coger, se convierte en algo tan dramático como el punto número 2; y 4) que la maldad y la picardía son tan excitantemente morbosas, que como te pillen por ahí, estás perdido.
En esos momentos con necesidad de autoestima, suelo mirar las fotos de Carmen...

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